Quién soy

Cuando yo nací, no había presente. Para mi madre representaba la construcción de sus ilusiones truncadas, para mi padre la recontrucción de su pasado.

Soy hija de un sobreviviente de auschwitz (minúsculas obligadas) que quedó sin familia, sin casa, sin idioma, sin patria y que levantó con las uñas su porvenir. El me enseñó el poder de la recuperación. Mi mamá es la cuarta hija más la primera nacida en México, de una familia muy pobre que emigró de Ucrania por las persecusiones religiosas, la pobreza y la discriminación.

Crecí con amor y agradecimiento a mi país, México, donde se caminaba sobre la libertad. Y a pesar de las limitaciones, se las ingeniaron mi padre y mi madre, con trabajo duro, para que no lo sintiéramos.

Crecí entre varias lenguas, tres idiomas en casa para poder comunicarnos , y un cuarto en la escuela, una ONU chiquita. La gastronomía era de fusión, mezclaba sabores y aromas mexicanos y de Europa del Este.

Fui excelente estudiante siempre, respetando la consigna que cada noche me daba mi mamá “Yo no pude estudiar, pero tu si vas hacerlo y vas a vivir de lo que estudies” y hasta hoy, asi es.

La forma de familia se modificó varias veces: matrimonio, divorcio, unión libre, segundo matrimonio, amores truncados, que me enseñaron que el amor profundo a las y los hijos sobrevive a todo. El cielo lloró la muerte de mis dos hermanos. Uno antes de mi, y otro de veintinueve años. Sigo extrañando a Maury.

Fue mi primera escuela de Psicología Transgeneracional.

Mi alma se completó cuando me hice mamá de mi adorada hija, que nació del amor profundo que hubo entre su papá y yo. Hoy es una mujer que va a dejar huella en muchas vidas.